Muchas de las tensiones musculares tienen un origen emocional. El circuito se da así: tenés una emoción fuerte, por ejemplo, miedo. Te ponés tensa. Liberás adrenalina y noradrenalina – que a su vez liberan cortisol, la hormona del estrés- preparando a tu cuerpo para luchar o huir. Hay una contracción muscular sostenida. Al disminuir el movimiento del músculo, disminuye la circulación sanguínea dentro de él y se acumulan toxinas. Empezás a tener dolor, lo que aumenta aun más el tono muscular, retroalimentando el círculo vicioso. El estrés y la angustia, que son estados anímicos que perduran, vuelven esta tensión permanente. A veces ni a la noche baja el tono. En un momento tenés la espalda dura y no sabés por qué.

El cuerpo emocional, el energético y el físico están íntimamente unidos. Por esto, podemos establecer una relación entre las diferentes tensiones, las emociones asociadas y los chakras. El vocablo sánscrito chakra se traduce omo «rueda» o «disco». En el yoga, la meditación y el Ayurveda, hace referencia a las ruedas de energía en todo tu cuerpo. Hay chakras materiales (1, 2, 3,y 4) y del espíritu (5, 6, y 7). Salvo el primero y el último, todos son anteriores y posteriores, por lo tanto una tensión en la espalda, probablemente tenga su correlato en el estómago; y una tensión en el cuello, seguramente se conecte con alguna afección en la garganta.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/

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